Hace dos años escribí 42 con una intención clara: contar una historia potente, con ideas profundas, momentos cotidianos, combates, viajes… y sí, erotismo. Pero al volver a ella sentí que esa parte —la erótica— necesitaba más presencia, más verdad, más intensidad, más detalle.
No se trata de poner sexo por ponerlo: es parte del alma de los personajes, algo profundamente relevante en la vida de muchos. En cómo se descubren, se vinculan, se desean, se piensan… planifican y enfrentan miedos. Estoy reescribiendo escenas para que sean tan impactantes como profundas, y tengan el peso que merecen dentro de la historia. No es fácil. Requiere precisión, belleza, documentación. Pero vale el esfuerzo.
Vivimos rodeados de violencia apta para todo público, y en cambio lo sexual suele esconderse. 42 busca ir por otro camino: más humano, más real, más literario, más profundo.
Voy por la mitad de la corrección. Y estoy cada vez más convencido de que este libro va a sacudir algo en quien se atreva a leerlo.

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