Caminar sobre la cuerda floja significa moverse con cuidado entre extremos: placer y dependencia, deseo y control, impulso y razón. Y así vivimos.
Somos seres de equilibrio absoluto imposible.
Vivimos transitando cuerdas tensas entre el deseo y el vicio, entre la pulsión de crear y la tentación de desvanecerse. Caminamos con la frente erguida, pero por dentro estamos hechos de desvíos, desvaríos, y locas pulsiones que intentamos controlar.
Nos llaman cuerdos cuando dominamos el impulso, pero ¿qué es la vida sin esa exaltación que enciende? ¿Qué sería del arte, la ciencia o el amor sin momentos de fiebre, cuando el cuerpo se olvida de comer, dormir o mirar el reloj por seguir con la obra maestra del intelecto?
El vicio, el placer, la escritura, el sexo, el vino, el videojuego, el amor, la comida, la obsesión:
Todo baila en el filo sutil que, si se cruza, nos consume.
Pero si se habita sin rendición total… nos revela, nos exalta.
No hay creación sin fuga.
No hay obra sin encierro.
No hay chispa sin sombra alrededor.
Y tal vez no estemos enfermos por escribir, ni por amar con intensidad, por investigar, ni por perdernos a veces en una idea.
Tal vez lo verdaderamente enfermizo sea fingir estabilidad en un mundo que tiembla cada día al borde de la caída por no tenerla.
Porque sí: nos fugamos.
Porque sí: nos viciamos.
Aveces tomamos malas decisiones
Pero también, cuando volvemos, traemos en las manos pedazos de verdad que no podrían haberse dicho desde la calma.
Autor GPT basado en sus nocturnas charlas con Javier R. Cinacchi quien corrigió y adaptó el texto

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